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martes, 17 de junio de 2014

De ti

Si alguien quiere saber de ti solo tiene que arrancar a un joven desconocido del mundo su negra libreta, pues todos hemos llevado, o llevaremos, una con tu historia. Así es como supe de ti. En el interior, unas hojas amarillo esquela recicladas como impresos de introspección, donde el mismo joven se ahoga, hablan de esa muerta bifurcación, sencillamente propia de los primates, entre dos extremos de una balanza injusta; siempre amar en cursiva.

Ahora es mi turno, el momento de completar la historia del último hombre contigo, hasta que el próximo me arrebate la vida. Leo todos los nombres que has tenido: Ana, María, Rocío... Ahora te llamas como ella, la mujer acompañada que juega con la arena de la playa infinitamente distante. Ahora sé, que en suma esencia, sois la misma persona, la única mujer; que platónica se desvela como catástrofe con otro individuo, que lamento no ser yo.

Apago el cigarrillo, dejo que la brisa me sacuda. Entre las mágicas olas te besas con él, lástima. Te seguiría amando cuando ya no fueras ni tan guapa, ni tan joven, desde la ventana del hotel. Espero que el próximo huésped de la habitación 215 tenga mejor suerte que yo.

lunes, 16 de diciembre de 2013

El fantasma. Capítulo I

Esta vez, el joven caballero no tenía necesidad de acudir a la botica a por remedios varios para aliviar su maltrecho abdomen, el motivo era otro; por eso se limitó a ojear desde dentro del local, embozado en su sombrero de copa y bastón de ébano, la calle a través de los vidrios mugrientos de la farmacia.

Una vuelta al reloj de bolsillo, un baile flotante por los alrededores de invierno ante la indiferente mirada de los ciudadanos, todos para él ahora desconocidos; vive deteniendo el tiempo, obseso con la sensación drogadicta de amar a quien roza el ojal de su chaqueta con cada beso vertido en otra boca que no es la suya. No hay marcha fúnebre tan angosta en el piano del sueño que pueda musicalizar el horror de su vientre, que asciende poco a poco hasta culminar en la saliva y el gaznate ronco.

Desde aquí se ve la entrada de su casa aderezada con macetas de fresa y azucena. Vuelve a toser, esputa rojo en su pañuelo y mira su reloj. "Faltan 30 segundos..." se dice. La calle cenicienta reserva sus mejores pisadas para los botines almibarados de la premonición de un lucero tallado a raíz del corazón de la porcelana.

Aparece, el imbécil se gira disimuladamente, tirita, doma el volumen de dolor que brota de los vasos sangrientos, rompe a llorar, se vuelve... Ya no está, se ha esfumado; es lo que tiene ser un fantasma, solo se desvanece uno cuando lo olvidan.

Tranquilos, ella volverá a casa.