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miércoles, 2 de julio de 2014

Una musa del sur

"Subamos escaleras tras el rastro de la poesía"...

Una de las habitaciones más lujosas de mi hotel de cabecera quedó reservada, desde mi peripecia en Bilbao, a nombre de una muchacha revuelta en dos mil cascabeles dorados que por mejillas se emboza una corola de rosas párvulas, extremas comisuras de un puente de luz.

Ahora que ha venido con un rumiante en la maleta, que ha partido con un corte de pelo propio de nuestras actrices más internacionales, que ha aterrorizado a los pasajeros del abismo; no encuentro forma de reflejar objetivamente el impacto vítreo que ha mellado en mi cábala, porque aún me aturde la ausencia, me pasa entre los muslos como el bigote deshecho de una luna plétora.

Sabemos más del otro que nadie, como ninguno, como nunca en vida he experimentado con la más inexplicable de las confianzas. Adivinamos de nuestras lenguas las palabras escondidas en el baúl de la siguiente proposición, un mágico espectáculo. Nunca olvidaré estos días de indulgencia cuidadosamente resguardados en tu cielo, tan importantes para mí.

Siempre nos quedará el vértice del mundo.

viernes, 3 de agosto de 2012

Una musa del norte.

La primera regla que debería tener un aspirante a artista es que él no se puede autoproclamar como tal sin pasar por un paso previo de aceptación. Más bien, tendría que esperar que su público y crítica valoraran su trabajo concediendo esta distinción a la persona. Por eso una vez visto que gente experimentada me ha dado este papel solo puedo decir que lo soy.

Todo artista precisa de una inspiración concentrada solo en entes que provocan la combustión de la chispa creativa. Una parte de esos entes son las musas, unas musas anónimas. A lo largo de mi vida claro que he tenido musas, pero como no era reconocido como artista no podía llamarlas así. Ahora me veo capacitado. 

El 22 de mayo de 2012 conocí de rebote por Skype la voz... Porque solo era la voz... de una joven gallega de la misma edad y los mismos gusto que yo. Cálida, amable, simpática, graciosa, sincera, artista, inteligente... son esa clase de palabras que al lado de la oración "ella es..." no desentonarían, es más, solo ratificarían la verdad. Puede parecer banal o común, pero deberíais veros esa envidia interna que, a lo mejor, os nubla el juicio. Solo sé que el lunes que viene la conoceré en persona, que nos daremos el abrazo más emotivo del mundo de la manera más melancólica... como si nos conociéramos de toda la vida.

Ella es una de las responsables de mi cambio en la poesía y de mi futura obra.